Análisis 1
(...) y pienso que si el amor fueran falsas expectativas hubiera estado convencida lo suficiente, pero no se trata de amor lo que nos contiene, incluso la palabra parece deshacerse, no tiene interés llamarla, ovacionar a su alrededor, es más poseer un dominio del propio segregamiento de células que nos materializan, cuando algo me sacude me siento un océano, y ese entendimiento es imposible, la física no me explica cuando me muevo de un lado a otro mientras continúo pensando lo mismo, retorno al desinterés para conservar las dudas, explicarme tantas cosas que no quiero entender resulta pedante, pero es cuando me veo tener los pies sobre la tierra, no estoy con la intención de destruirlo todo, sino dejar de que me atosigue el saber de todas las cosas que me sucedieron. Pero ¿qué es lo que falta en mí que desesperadamente me hace perseguir a los demás tantos segundos al día? para después, desprenderme de toda conexión real, de un golpe, como si no hubiera existido nada. Suelto hasta observar la nada, mi vida se suspende en el vacío, varias horas al día, desafortunadamente no me importa y continúo desplazándome en una ilusión errada de lo que es la vida, bien si no se sabe, la mayoría de cosas se contemplan incluso aunque resultaran ser pocas, bajar de la fantasía me mata, aunque fuera adivina. Los días que pasan sostienen veracidades, incluso la mentira nos lleva a un lugar común de entendimiento, las vidas ajenas no pueden importarnos lo suficiente si queremos evitar cualquier herida, y cualquier persona que me hiera no es más que sino un reflejo de lo que ese mentiroso sufre consigo mismo, que es la realidad. Cuando la realidad me parece una mentira, sin embargo, me siento más cómoda, porque puedo enloquecer con calma, o puedo decir que todo lo que me costó aprender no me ha servido de nada, así no me esfuerzo por ser diariamente lo que construyo para sentirme parte de una construcción de sentidos en masa. Por suerte algunas cosas sin sentido todavía suceden con total normalidad, y en un sistema de consumo observo la imagen de una persona diferente a mí y puedo enviarle un mensaje, ese desconocido coincide conmigo en cuatro segundos, no le importa el mundo, me pide que nos casemos y yo acepto, no tiene sentido, pero sucede. Nos reímos de esas estupideces, creemos que gustarnos de inmediato nos aliviará el sacrificio de mantenernos vivos, no lo hace, ni las personas nos queremos sin motivo, ni podemos obligarnos a permanecer por placer al sentido. No amo porque me aman. El hallazgo de la definición es minucioso, nada está redimido de una observación crítica y analítica, la felicidad seguramente será estúpida, casi tanto que podrá hacernos enojar lo suficiente para castigarnos nosotros mismos por ser tan inteligentes de protegernos de todos los males que todavía no ocurrieron. Inventamos, estamos al acecho. Pero sin control también permitimos ver las cosas mejor de lo que resultan ser, tal vez sea un pesimismo avanzado, una insatisfacción propia que busca la exoneración, no resulta salir bien, chocamos con el otro, contra nosotros mismos y contra los escenarios que creímos posibles. Están los defensores de la ley de atracción, yo creo que son lo suficientemente conscientes de sí mismos para saber que lo que quieren es lo que verdaderamente vendrá. Desconozco lo que quiero, en el camino veo posibilidades llamativas, un casamiento repentino, un mensaje en Tinder, un amigo de confianza, pero no es buscar lo más divertido, es lo que nunca tuvimos, lo que esperamos conseguir sin vergüenza, pero es imposible, nos equivocamos siempre. Ni nos casaremos, ni trascenderemos Tinder, ni seremos más que amigos, el aburrimiento nos demoniza hasta deshabitarlo todo y asustar a quienes nos rodean. Me da miedo decepcionarte, que no seas lo que espero y que nada vuelva a ser como era antes. Este último caso es el más esperanzador, nada resulta ser como era antes, la vida continúa mientras el ser humano avanza, afianzamos relaciones o conocemos nuevas personas, en ambos casos permaneceremos en constante redescubrimiento, a veces la constancia nos debilita, a veces lo inesperado nos paraliza, en cada momento predomina la responsabilidad, el miedo a herir y salir herido nos convierte en computadoras capaces de mentir sin escrúpulos, mutamos nuestro cuerpo para hacer y ser felices. Lo hacemos sin dudar, no sabemos si está bien o mal, no nos importa mientras sintamos que dimos lo mejor, aunque el otro no conozca diferencia. No puedo hacerle saber al otro a cada paso que soy mejor que mi pasado, no le importa y a mí no me transfiere, el acto es inmediato y el perdón reside como alternativa a la desconfianza. Ni sabemos perdonar ni entendemos la desconfianza qué nos posibilita. Debo definir si mi interpretación es libre, si al dejarte ir pierdo una parte de mí que en verdad te anhelaba, o si ese anhelo era una protección de lo que era imposible que tuviéramos naturalmente, pero como en ninguno de los dos casos puedo salvarme de ti tengo que perderte, abandonar el trabajo que permuté a tu lado y dedicarme a otra cosa. El desamor tiene muchísimo más sentido, no nacimos para pertenecernos y encomendar nuestras aspiraciones, estar solo debe ser agradable y eficaz, pero estar tan solo hará que nos perdamos en la incomprensión que supone nuestra relación con el mundo. No puedo alimentar mi ego diciéndole que no encontrará a nadie para sí, por más que mi causa consista en ocasionarle un daño, el ego no se dañará, sólo se volverá en nuestra contra. También podrán desaparecer mis buenas intenciones para con el mundo, seré más propenso a padecer la sensibilidad que posiblemente trataré de reprimir por seguir en el cuadro opuesto de mi reflejo. Tendré que ser fuerte para aceptar que no importa, ni los demás se interesan por verme, ni algún interés por verme tendrá que ver conmigo, sino más bien con lo que el resto espera ver reflejado en mí: su aprobación o su rechazo. Finalmente descubro que mi objetivo no consta en determinar las posibilidades que me quedan, sino en despejarme de toda crítica y razón, de incluso desatender mi entendimiento y enjuiciar que lo que es, es lo que se permite que sea. Si no encuentro el amor es porque no lo necesito, y esa falta es sumamente provechosa, cuando lo que siento es temor, desafortunadamente me veré obligado a desarticular mi historia, exponer mi cuerpo a la adversidad del entendimiento psicológico. Tal vez mi problema sea que me desagrade mi cuerpo, pues bien, aquello es un sometimiento de la belleza idílica que nos castiga como un Dios inconformista, nunca jamás seré nada para nadie que represente un estándar superior, no encontraré el amor, pero nada más porque no lo permito, no puedo confiar en los gestos románticos de un otro, me han hecho daño, me han hecho sentir que no valía la pena, nadie está eximido de ser desagradable, pero las verdaderas intenciones provienen de nuestros actos físicos y verbales, nos hieren personas lindas y feas, nos quieren personas lindas y feas, lo que determinará que sus valencias se introduzcan en mí, modificando mi esencia, será mi propia debilidad, tendré que ser fuerte para sostener mi entendimiento del mundo, ser valiente para continuar pensando que la conformidad se encuentra mucho más allá de lo que pueda llegar a observarse con facilidad en la superficie. No seremos para todo el mundo, pero afortunadamente no todo el mundo será para nosotros. El lenguaje nos atraviesa para sostenernos de lo que creemos, el diálogo con los demás nos hace crecer y nos fortalece como grupo, pudiendo ser más sencilla una modificación avasalladora de las leyes instauradas, podríamos cambiar el mundo, sí, si lo quisiera el poder o una mayoría común. Ni el poder desea cambiar el mundo, ni una mayoría común está dispuesta a encontrar su anormalidad para exigir un cambio. Sentirme parte de una minoría incomprendida no me ayuda a atravesar el desconsuelo, tropezamos en la historia y debemos esforzarnos por cosas más importantes que el amor: el desempleo, el hambre, la explotación. El enamoramiento es un analgésico que nos permite realizar tareas pesadas con un sentimiento de gracia y levedad, la vida tiene sentido, la mañana comienza con una razón, la noche me deja dormir y los sueños no son mejores que lo que siento al disponerme a un encuentro real con mi enamoramiento. El regocijo es pleno, la estupidez me hace reír y el amor saca lo mejor de mí; quiero aprender, quiero escuchar, quiero pensar en alguien más y no sólo en mí. No necesariamente todas estas intenciones sabremos controlarlas sin excedentes o estaremos conformes con lo que se nos responde. El sistema se pierde, las palabras no condicen con mis actos, mis deseos no condicen con las circunstancias; no es el momento, estamos demasiado lejos, todo colapsará en menos de un segundo. Pero es eso, la destrucción deberá ser completa, no podré amar con resistencia, perderé la coherencia, lo que hará que el sentido se expanda, no me importarán mis razones ni las consecuencias, querré darlo todo porque será suficiente, pero no será intrínseca la medición de valores con el regocijo pleno, a veces no deseo lo que se espera, a veces nos conmueven pequeñas cosas, no querré depender de una sumatoria de actos y demostraciones que deba cometer de la misma manera, lo que me hará sentir parte de otro será la sinceridad con que estos mismos hechos se realicen para ver que luego se suspenden en el aire, ya no importa lo que fue, importará que siga siendo sin restricciones, las habrá, sólo que no estaremos dispuestos a observarlas todo el tiempo. Permitiremos que la manera de ver del otro modifique nuestro espacio y a nosotros mismos, sin dejar de construir nuestra propia manera de ver que le aporta al otro lo que le falta de mí. El tiempo será una tortura, una pérdida, una ruptura. No creceré necesariamente, también podré entorpecer, pero lo que me importará de una vez por todas será ser feliz sin entrometerme. Si ahondamos en un espiral de dudas, el amor no tendrá sentido, para algunos puede resultar contagioso, para otros, oscuros, resulta imposible.
Comentarios
Publicar un comentario